domingo, 29 de mayo de 2016

Día 11. Agés a Burgos

🌄🚶☕️🚶🍔🚶🍺🚶🌅 La rutina del camino (gracias Pablo por tu creatividad).

Salimos de Agés, pueblito de 30 habitantes, a las 5:30 de la mañana. Era noche cerrada. Enrique iluminaba el camino con su linterna, esa que supone en la frente y que te permite tener las manos libres. Estaba muy difícil encontrar una flecha amarilla que nos confirmara que estábamos en el camino correcto. La salida del pueblo era por carretera y muy  pocas veces el Camino recorre distancias largas sobre calles. Caminamos como 20 minutos antes de notar que una potente linterna nos seguía de atrás y se iba acercando rápidamente. Nos imaginamos que sería Pablo el argentino, y ENrique empezó a gritarle cosas graciosas en español, cosas de esas que solo dos rioplatenses entenderían. Resultó que no era Pablo, sino Sam, que también estaba buscando el camino al Camino. Seguimos juntos. Disfrutando de caminar en total oscuridad y silencio. Como quien no quiere la cosa, hicimos más y más distancia. Antes del amanecer ya habíamos pasado por Atapuerca, pueblito que me hubiera interesado visitar por el valor arqueológico y antropológico que supone, pero que ni modo en la oscuridad. Habíamos salido sin desayunar, y el cafecito de la mañana es una de las rutinas y "tradiciones" más preciadas de estos días. Obviamente, los pueblitos por los que pasamos estaban todos dormidos y ni miras de un bar donde tomar un café con leche. Ya empezaba a amanecer cuando se vino la primer, única y gran subida del día. Hola a las piedras otra vez. Arriba, arriba, arriba, arriba hasta los 1.050 metros de altura, donde leímos el cartel que habla de la suerte de los peregrinos de encontrarse con una de las vistas más lindas del camino. Ja, buena broma.





 Durante toda la subida llovió, sopló y hubo niebla cerrada. Tuvimos que sacar los cubremochilas y los ponchos, y mirar bien dónde pisábamos para no resbalarnos. Era una situación parecida a la que vivimos el primer día en los Pirineos.
La bajada estuvo mejor. La niebla se disipó y pudimos disfrutar de paisajes verdes frescos, de ovejas que recién se despertaban, y de perfumes intensísimos de árboles floridos. Ya entrados en el valle descubrimos un parador que estaba abierto y entramos a desayunar. En menos de cinco minutos aparecieron María, Pablo, Marco, Peter, Helena, los brasileros, y el grupo de diez que habíamos compartido cuarto una vez más, estábamos juntos otra vez hablando de los planes del día. Habíamos caminado ya 9km.



No sé exactamente cuantos kms caminamos hoy hasta Burgos. Creo que fueron unos 26. La entrada a la ciudad fue larguísima pero elegimos un camino que recorría kilómetros de parque junto a un río y la caminata se hizo disfrutable (salvo que hoy los pies otra vez me estaban molestando intensamente). Como siempre, el resto del grupo iba muuuuuucho más adelante que nosotros. Quedamos en encontrarnos. A la entrada del albergue municipal, que abriría a las 12:00. Cuando llegamos, ya había una larga cola de mochilas en la puerta, y nuestros amigos estaban sentados en la calle esperándonos. Nos habían guardado el lugar. Sólo Marco llegó después que nosotros. Se había perdido y el camino se le hizo más largo.


                                                              
Este albergue es enorme! De afuera, una pared de piedra y puertas altísimas de madera anuncian un edificio de siglos atrás. Sorpresa: la pared esconde un edificio ultramoderno. Seis pisos con  ascensor, salas enormes con ventanas que permiten disfrutar de una hermosa vista, lavaderos, lavarropas, secadoras, duchas, todo lo que uno pueda necesitar para estar cómodo. El albergue está dirigido por voluntarios. Aquí hay 170 personas alojándose esta noche y, como siempre, me maravilla el hecho de que las únicas personas que están aquí somos los peregrinos, como dueños del lugar, compartiendo charlas, lavado de ropas, organización de cenas... Todo el mundo es responsable, amigable, bien dispuesto. Se escuchan muchos idiomas aquí, siendo los más comunes el italiano, francés, alemán (tannnnnntos alemanes) y portugués. Todavía no hay muchos españoles en el Camino, parece.

Está es la última noche que estaremos con Pablo y María. Ellos siguen su viaje hacia otros destinos y todos estamos tristes de perderlos. Son realmente dos chicos especiales que se han convertido en el alma de la "familia". Los vamos a extrañar. Mientras escribo, Enrique y uno de los brasileros fueron a comprar ingredientes para armar una picada de despedida. Vamos a cenar en uno de los salones comunitarios. 

Quiero decirles que tuvimos un par de horas para caminar por Burgos y me encantó!!!! Es domingo y todo el mundo está en la calle. Hay ambiente de fiesta, músicos en la calle, niñas vestidas de comunión, señoras de negro con mantillas y peinetas en la cabeza, cafés antiguos con pastelería de morirse y música que invita a quedarse toda la tarde, librerías con todos los libros que me quiero comprar y poner en la mochila. La Catedral de Burgos....recontra wow! ...justo el albergue está a su lado. Hace frío y llueve de a ratos, pero me gustaría estar más tiempo aquí. Esta visita fue corta pero interrumpió nuestra rutina de las últimas dos semanas, por lo que todos estamos agradecidos. 


Las consecuencias de esta larga caminata ya se empiezan a sentir. Todas las personas sufren de dolores, ya sea musculares, de rodillas o de ampollas. El estado físico de cada uno es el tema principal de conversación, van y vienen pastillas de ibuprofeno, compeed para las ampollas, vaselina para los pies. Algunos han tenido que abandonar ya, otros descansan un par de días para poder seguir. El Camino nos regala y nos cobra. Pero seguimos emocionados y agradecidos de vivir estos días tan especiales.

Dïa 8. Llegando a Santo Domingo de la Calzada

-El otro día Enrique y yo nos encontramos caminando cerca de la hora del mediodía por un camino larguísimo entre campos de trigo y cebada. Fueron varios kilómetros sin sombra y con mucho calor. "Sol quemanchi y ardienchi". Les digo que el paisaje era divino y había una brisa feliz, pero a medida que pasaba el tiempo creo que empecé a entrar como en un trance. Sólo miraba hacia abajo y contaba los pasos otra vez. El sol siempre nos daba del lado derecho y de atrás y el calor se hacía cada vez más evidente. Queríamos llegar a algún lugar para descansar un poco y comer. Mis pies me estaban molestando mucho y cada paso se hacía notar, así que para distraerme fui escuchando música: el CD de piezas españolas de Eduardo Fernandez. Cerca de la 1:00 llegamos al pueblo de Cirueña (pob. 100 hab.), un pueblo con construcciones modernas, pero casi vacío del todo. Casas nuevas con carteles de "en venta", y cero árboles. Alguien se equivocó al planificar este pueblo. Con el último esfuerzo encontramos un bar fresco en el que nos prepararon un almuerzo delicioso. Media hora después estábamos listos para seguir por el campo hasta nuestro destino final del día, Santo Domingo de la Calzada. Antes de salir del pueblo vimos, en una plaza, a un montón de niños jugando a la pelota. Ah, entonces este pueblo tiene niños y escuela, qué bueno!

Retomamos nuestro camino con entusiasmo renovado, Enrique siempre adelante y siempre caminando como por el parque, y yo disfrutando del paisaje a mi propio ritmo. De pronto, escuché voces infantiles detrás de mí. Miro, y veo que todos los gurises que estaban jugando en el parque venían caminando en la  misma dirección que nosotros. Iban de lo más divertidos. Y yo pensando...yo apenas puedo con esto, me estoy derritiendo, y ellos, ellos tan campantes...

El albergue en el que habíamos hecho reservaciones para todos era el Albergue Cofradía del Santo, que originalmente debe haber sido un convento o algo así, enorme, en el que caben más de 200 personas. Está totalmente renovado, en tres pisos con cuartos amplios, cocina, estares, salas de lectura, duchas, baños, enfermería. Un lujo. Conseguimos una habitación para "la familia", de cuya ventana se podía ver la torre de la catedral del pueblo.




Los 18 niños que venían caminando detrás de nosotros, y sus dos maestras, también estaban alojados en este albergue. Qué contentos estaban. Los escuchamos hablar en catalán y nos preguntamos de dónde vendrían. Ellos se prepararon pizzas en la cocina, mientras que nosotros disfrutamos de una buenísima cena mexicana preparada por Pablo, María y Helena: tortillas, arroz, tomates, guacamole, salsa picante y carne. La sala tenía un montón de mesas grandes y en cada una de ella los peregrinos comían y conversaban, cantaban, se reían, se tomaban fotos. Creo que nosotros éramos los más ruidosos. Fue otra linda noche de camaradería y risas.



Sabiendo que a las 10:00 las luces del albergue se apagarían, los más de 200 peregrinos se aprontaron para irse a dormir temprano. Las reglas en todos los albergues siguen siendo que hay que dejar el albergue antes de las 8:00 de la mañana, y la mayoría lo hace más temprano para aprovechar las horas de fresco. Enrique y yo salimos bien temprano, bastante antes de las 7:00. La rutina está siendo de que somos los primeros de la "familia" en salir, y después de unos kilómetros ya los demás nos pasan. Adivinen quién es la más lenta del grupo.

sábado, 28 de mayo de 2016

Día 8. Haciendo familia

Hoy es el día 8. Son las 9:30 de la mañana y hemos estado caminando por tres horas. El paisaje ha cambiado drásticamente. Aunque todavía nos rodean montañas, ahora lo que más vemos son viñedos y olivos. Estamos en La Rioja, tierra de vinos.

Anoche pasamos la noche en el albergue San Saturnino del pueblo Ventosa (170 hab.), a 5 kms de Logroño. Estamos intentando vencer las multitudes que llenan los albergues y por eso evitamos quedarnos en ciudades más grandes. Esto resulta en caminatas un poco más largas. Ya van dos días en que hemos caminado más de 30 km. Resultado: ouchchchchch! Se imaginan, no?  Ya les contaré. 

El pueblito en el que estaba el albergue es mucho más nuevo que los que habíamos visitado hasta ahora, pero sigue el mismo principio, que todavía no logro explicarme, de toditas las calles asfaltadas. Los pueblos son todos en subidas empinadas y bajadas peligrosas, sin diferencia entre lo que es vereda o calle. Es todo uno. Y todas las casas dan con la puerta directamente a la calle, como una pared que la define. Me imagino que las casas deben tener patios por dentro, o algún otro tipo de desahogo. La mayoría de las casas tiene macetones con flores rojas en sus ventanas, siendo los geranios los más comunes. Una hermosura. El albergue era especialmente lindo y confortable con cuartos aireados, baños con grandes ventanales, y un jardín al fondo donde uno podía pasarse la tarde y noche conversando. 




Tenemos una nueva familia, que se ha ido formando con los días. Si bien no caminamos juntos todo el tiempo, siempre intentamos encontrarnos en el café cerca de la iglesia en cada pueblo, y planeamos juntos dónde dormir. Ayer habíamos quedado todos separados de Marcos el italiano, que iba un pueblo adelante de nosotros. Gracias a eso,él llegó horas antes a nuestro destino y pagó todas nuestras camas (7 en total), lo que nos dio la tranquilidad de que podíamos tomarnos todo el tiempo necesario para llegar a Ventosa. Como el albergue tenía una gran cocina, Marcos planeó la cena, todos contribuimos a comprar los ingredientes y Peter el belga cocino para las 15 personas que nos anotamos. Cena de primera y conversación amena.

La noche anterior, al llegar a Viana, nosotros ya teníamos reservada una habitación en una posada. Nos ubicamos y luego nos sentamos a tomar un café junto a la iglesia. Poco después, llegaron los demás, que al no encontrar lugar en ningún albergue, habían decidido alquilar un apartamento entre todos. Se quedaron conversando con nosotros y luego nos invitaron a cenar con ellos en el apartamento. Pablo el argentino y Peter el belga cocinaron para los 7 y fue una noche de risas y anécdotas hasta tarde.




Esa noche dormimos como reyes y nos despertamos muy temprano para salir antes de las 7:00. Al lado del hostal había una panadería que ya había abierto y compramos una baguette. Lo de la baguette ya lo convertimos en una tradición. Una cada mañana. Sí, ya sé, demasiado pan! Pero es que hacia años que no sentíamos el perfume del pan fresco, lo crocante de su costra, hacía tanto que no nos peleábamos por el coquito. El pan flauta se ha convertido en nuestra comida durante la caminata. Pan y agua.


Se vienen más cuentos.

martes, 24 de mayo de 2016

Día 5. Caminando y cantando... hasta Villamayor de Monjardín

Los días van pasando rápidamente y no he tenido oportunidad de sentarme a escribir nada más o menos coherente. Llega la noche y estamos en los albergues, rodeados de gente, molidos y sin wifi. Entonces me paso la mañana pensando en lo que quiero contarles en mi entrega, intentando no olvidarme de detalles, para terminar un día más sin la oportunidad de tomar apuntes. Así me voy olvidando. Había pensado hacer como todos los que escriben desde el camino: una entrega por etapa. Ya veo que por ahora esto es una ilusión, así que voy a ir resumiendo. Después, cuando se dé, voy a conectar los puntos y agregar las fotos que correspondan, y organizar esto como se debe para que quede como mi propio diario de viaje. Por ahora, gracias por la paciencia de leer  un salpicón.


Hoy terminamos el día 5 de caminata. Han sido días intensos, en los que hemos caminado un promedio de 8 horas al día. El primer día, del que ya les conté, fue sin duda el más duro, seguido por dos días que también ofrecieron desafíos importantes por las subidas y bajadas. Una de las cosas más importantes que aprendí en estos días: lo peor de las alturas no son las subidas; son las bajadas.¡Mamma mía!, la concentración que exige bajar un cerro, sobre todo cuando el terreno es de piedras, es lo más nuevo y lo más reventante que he vivido. Eso sí, estoy aprendiendo. Durante la bajada hacia Zubiri en el segundo día probé de todo: caminar sin palos, caminar con un palo, caminar con dos palos, caminar apoyando el pie de costado y caminar marcha atrás. Esto último fue lo mejor para mí. Claro, por pura casualidad no me rompí la cabeza y los que me pasaban me miraban con cara de "te equivocaste, Santiago está para el otro lado". Pero, en serio, se te clavan las uñas de los pies contra la parte de adelante del zapato, y si el terreno es de piedras, el pie pisa en todos los ángulos imaginables por lo que hacés fuerza con cualquier músculo para lograr el equilibrio. En mi caso, consecuencia: día 2, ampolla 1; día 4, ampolla 2. Ambas en la planta del pie, lo que termina recordándote a cada paso, de que el Camino de Santiago no es un paseo, sino un acto de mucha voluntad.

Dejando de lado estos pormenores, les cuento que hemos estado viendo paisajes tan hermosos que me los quiero llevar todos para mi casa. Estás todo el día al aire libre caminando por montañas de todos los verdes primero, y por campos cultivados y floridos perfumados y silenciosos después. La sensación de amplitud, libertad, euforia, agradecimiento y una enorme felicidad nos inunda a nosotros y a cada uno de los caminantes con los que hablamos. 


El aire es tan limpio como los paisajes. Los pulmones, contentos.

Sí, la palabra felicidad se repite. Es que no se puede creer la explosión floral que nos acompaña: campos rojos de amapolas, campos amarillos de....no sé...mil flores amarillas de todos tipos, cardos lilas ....todo el tiempo todo el tiempo todo el tiempo. Por momentos el camino es angosto y solamente uno puede pasar a la vez....y los arbustos más altos que vos te rodean con sus flores que te tocan y te bañan de perfumes que decís "esto no se puede creer". Y a lo lejos las montañas que cruzaste hace tres días cuando venías de otro país, y a lado las montañas de muchos verdes que te acompañan. Y subís y bajás, y volvés a subir.







Aparte de la naturaleza están los pueblos por los que pasamos. En un relato ordenado, más adelante describiré los pueblos de la Navarra cercana a Francia, esos pueblos que por momentos me recuerdan a los pueblitos cercanos a Innsbruck en Austria, las calles angostas, las casas de piedra con fechas antiguas.



 La mayoría de los pueblos por los que pasamos son silenciosos, prolijos, limpios. Todos sin excepción con macetas de flores, especialmente malvones rojos, en macetones que cuelgan de ventanas o paredes. En estos días que caminamos, las construcciones han ido cambiando en los pueblos, pero la mayoría de ellos está recorrido por un río y tiene un puente medieval, o un puente romano, y nombres como el Puente de la Rabia, o el puente de la Reina, o el Puente Cárcel. Sí, estos pueblos merecen un relato.


Puente La Reina


¿Se acuerdan de la "familia por una noche" que formamos en nuestra primera noche en St. Jean Pied de Port? Milagrosamente, cada día nos hemos vuelto a encontrar con algunos de ellos. Y no les digo la alegría que nos produce, en medio de un bosque, o en medio del campo, mirar para atrás cuando escuchamos una voces, y ver que es Manuela, o Linda, o algún otros de nuestra "familia". Nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida, caminamos juntos algún que otro kilómetro y después nos volvemos a separar. 

Cruzando el Puente de la Magdalena antes de Pamplona, nos encontramos con Manuela y Stephanie, integrantes de nuestra "familia"de la noche en St. Jean Pied de Port


"Buen Camino" es el saludo que se le hace a un peregrino. Así saludamos nosotros a cada peregrino que nos pasa o pasamos, y así nos saluda la gente que nos cruza en el camino, o en los pueblos. Sabiendo de esta costumbre desde hace años, no se imaginan la emoción que me causó la primera vez que alguien me lo dijo a mí. 


Y el buen camino se hace en buena compañía, de la cual sobra en este lugar. De los cientos de peregrinos que deben estar haciendo la misma etapa que nosotros cada día, casualmente hemos coincidido en los mismos albergues con algunas personas. Entonces, lo que yo pensé que iba a ser algo medio incómodo, como dormir en el mismo cuarto con 10 personas más, se ha ido transformando en algo muy simpático. Las mismas caras se repiten y cada noche hay camaradería, buena onda y momentos muy divertidos. Por ejemplo, anoche nos quedamos en un pueblito que se llama Cirauki, quizas en el más "apretado" de los albergues en los que nos hemos quedado hasta ahora. Llegamos e él cansados, después de muchos kilómetros de caminata, y nos alegró ver que también se alojaban allí Sam ( de Memphis), Pablo y María (de la Patagonia Argentina),  Peter (belga de 29 años que viene caminando desde Bélgica), Miguel (español),  la periodista australiana y su hija, y otros tantos que habíamos conocido durante las caminatas. A las 7:30 se ofrecía la cena y todos bajamos, llenando unas cinco mesas grandes. De repente, los más jóvenes le dijeron a Sam, que es pastor, "haz una bendición", y todo el mundo se paró en un gran círculo, de la mano, para escuchar la simple oración que agradecía el que todos pudiéramos estar viviendo estos momentos tan particulares. Luego la cena fue festiva, divertida, compartida. Esta noche, en Villamayor de Monjardín, un pueblo a 20 y tantos kms del de anoche, otra vez coincidimos todos en el bar para cenar el menú de peregrino. Una vez más, antes de comer, Sam se acercó a mí y me dijo, "esta noche comparte conmigo la bendición". Esta vez, él dijo sus palabras, y yo hice la bendición en hebreo. Conversamos en nuestra mezcla de idiomas durante la cena, y una vez más cada uno fue a prepararse para un nuevo día de caminata.

Mañana, día 6, caminaremos hasta Viana. Será un día largo pero aparentemente ya sin subidas y bajadas complicadas. 30 km nos esperan. Ya les contaré.

sábado, 21 de mayo de 2016

Día 1. St. Jean Pied de Port - Roncesvalles

Nuestra salida desde St. Jean Pied de Port fue temprano en la mañana. El cielo estaba encapotado y lloviznaba un poquito, así que  cubrimos nuestras mochilas con los protectores para lluvia, en caso de que la cosa se pusiera peor. La oficina de peregrinos estaba en frente del hotel. Esa oficina es el lugar donde uno puede conseguir la credencial de peregrino y toda la información necesaria para poder salir con cierta seguridad. Supuestamente allí también nos deberían haber dado la famosa concha, que es lo que todo peregrino cuelga de su mochila, y que lo identifica como tal. Nos olvidamos de pedirla, se olvidaron de dárnosla, y salimos caminando muy contentos, bajando la Calle de adoquines en una gran pendiente.

St. Jean se veía encantadora con su atmósfera medieval, sus calles estrechas y todos los signos y nombres de casas y negocios escritos en vasco y en francés.




Tomamos la Ruta de Napoleón, que es la que nos llevaría subiendo los Pirineos hasta los 1.450 metros. La etapa de hoy era de unos 25 kms, con subidas muy difíciles y bajadas más complicadas. Se supone que esta es la etapa más difícil del Camino, pero la más hermosa. Lleva ese nombre porque se supone que era la ruta preferida de Napoleón para entrar y salir de España durante la Guerra Peninsular.


Empezando la caminata, saliendo de St. Jean Pied de Port, camino a las montañas

Todos los vídeos que he mirado en los últimos años, todas las fotos de vistas espectaculares y paisajes inolvidables...nada me podía preparar para lo que nos esperaba ese día: una niebla cerrada de principio a fin, lluvia finita pero permanente, viento fuerte y frío. Adiós vistas espectaculares. 




De todas maneras, la subida fue fantástica. Dura, muy empinada...yo soplaba y resoplaba, paraba cada pocos metros y contaba mis pasos uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez.... Y otra vez, uno , dos.... Para darme ánimo a seguir. Enrique iba como si caminara por la playa y paraba para esperarme. Una pareja me pasó. Iban empujando el cochecito de un bebé muy tranquilamente  (después suspiros que ellos vienen caminando desde el norte de Francia así, con el bebé)...y yo seguía contando mis pasos. En ciertos momentos la niebla se abría un poco y ahí sí veíamos paisajes de verdes intensos, ovejas, vacas... 


Gracias, Helena Rizzo, por prestarme esta foto.


Pero en seguida se volvía a cerrar.  Me tuve que poner el poncho protector para la lluvia porque empezó a llover más fuerte.  A los siete kms llegamos al famoso parador Orisson, el que aparece en la película The Way con Martín Sheen. Hay un hermoso mirador allí....no se veía un pepino. Entramos al parador a tomar un café con leche y allí nos encontramos con varios integrantes de nuestra "familia" de la noche anterior. Algunos de ellos iban a quedarse a dormir allí, o sea que su etapa se terminaba en ese momento. Me saqué el poncho y quedé en camiseta de manga corta, pero ahí dentro no hacía mucho frío. En la mesa de la lado había un señor de Sudáfrica que me dijo " no tiene frío"? Le conté que había perdido mi abrigo y él en seguida se sacó el suyo y me lo quiso dar. "Yo tengo otro en mi mochila", me dijo. Le agradecí mucho y por supuesto que no lo acepté, pero me sentí como que el día se había despejado: otra buena vibración del Camino de Santiago.

No voy a entrar en muchos detalles. La pendiente después del parador fue un poquito menos difícil, pero yo seguí resoplando. Mis músculos definitivamente no están entrenados para estas subidas. La lluvia se hizo más intensa, y el viento por momentos fue muy fuerte. Se escuchaban los cencerros de los caballos. Sí, aquí eran caballos y no vacas los que tenían cencerros colgando de sus cuellos. Con alegría "cruzamos"la frontera: una piedra en el camino que dice "Navarra". Sí, gente, uno no entra en España. Uno entra en Navarra. ¿Entienden?

La bajada fue dramática. El barro empezó a dominar el trayecto y uno tenía que tener mucho cuidado de en dónde pisar. Los últimos kms fueron dentro de un maravilloso bosque, pero el camino era en picada, casi vertical...todo barro y piedras, bueno, más barro que piedras, ideal para matarse. A esa altura hacia tiempo que no nos cruzábamos con nadie. Enrique seguía caminando como en la playa y yo pensaba 10 segundos antes de dar cada paso. Embarrados y fulminados después de 8 horas de caminata, divisamos al final del bosque los techos de la Collegiata de Roncesvalles, el monasterio en el cual se encuentra el albergue donde pasaríamos la noche. Gran suspiro.




Este edificio puede albergar a 190 personas, 100 de las cuales estaba  haciendo cola para registrarse cuando llegamos. Nos hicieron dejar las mochilas en un cuarto y hacer cola (¡hacer cola después de 8 horas de caminata sufrida!). Este albergue está regido por una legión de voluntarios holandeses. Hay tres pisos de de camas dispuestos en cubículos  separados, con duchas, baños, etc. Para cuando llegó nuestro turno, ya se habían asignado todas las camas, así que nos tocó el sótano. Resultó ser que no estaba mal lo del sótano: tres cuartos que se comunicaban, con un montón de cuchetas cada uno. Pero por la misma construcción antigua, de paredes gruesas y techos altísimos, en ningún momento tuvimos sensación de claustrofobia. Los baños, afuera. Buenas duchas, mucha agua caliente.


Fue una buena noche. Cenamos con nuevos "amigos" y descubrimos que en la cama de al lado de Enrique dormía Sam, un hombre de Memphis (a una hora de donde nosotros vivimos) y a dos camas más, un hombre de Alabama. Mundo chico. También aquí a las 10 de la noche, por obra como de magia, se apagaron todas las luces. Y a las 6 de la mañana se empezó a escuchar canto gregoriano. Serán parlantes, pensé, pero la música se empezó a acercar más y más. Eran los voluntarios holandeses que venían a despertarnos cantando. Una gran sonrisa agradecida para empezar un nuevo día y nuestra segunda etapa.

jueves, 19 de mayo de 2016

Magia en St. Jean Pied de Port

Nuestra idea el miércoles por la mañana era levantarnos temprano e ir a ver si encontrábamos un negocio que vendiera un abrigo que yo pudiera usar, para reemplazar el que perdí. Después nos daba el tiempo justo para caminar a la estación de tren, comprar el pasaje a St. Jean Pied de Port y salir en el ómnibus de las 12:30. Gran sorpresa la nuestra al enterarnos, una vez en la estación de trenes, que había huelga general de todo y que lo único que podríamos tomar sería un autobús que la compañía de trenes ponía a disposición a las 6:00 de la tarde para llevar a los peregrinos a su destino. Grrrrrr.  ¿Qué le vamos a hacer, pensamos, y compramos los pasajes para esa tarde. Ahí mismo vimos que había un grupo de peregrinos en la estación, y que todos salían a subirse a una camioneta. "Obvio, alquilaron locomoción propia". Salí corriendo a preguntarle al chofer de la camioneta, que resultó ser un norteamericano haciendo su negocio de llevar peregrinos a SJPP por mucho dinero. La camioneta estaba llena, así que, a tomar ajo y agua.

Nos hicimos a la idea de que no saldríamos de Bayonne hasta tarde. Dos cosas me preocupaban: yo había planeado todo para llegar temprano a SJPP, el pueblito cuya foto tuve en la pantalla de mi computadora durante años, pensando "un día te voy a visitar".Quería llegar temprano para recorrerlo y disfrutarlo. Busquen fotos del pueblo, es muy mágico. Lo otro que me preocupaba era que llegaríamos allí después de las 7:00. Nosotros habíamos hecho reservaciones en un albergue recomendado por nuestros queridos Ashley y Rory, y una de las características que tiene, es que ofrece una cena comunitaria a las 7:00. La página web dice que si vas a llegar más tarde mejor que vayas a otro albergue. Rápidamente les envié un mensaje y en seguida me contestaron "no se preocupen que los esperamos". Opa, empiezan las buenas vibraciones del Camino de Santiago.

Pasamos la tarde caminando por la ciudad, tomando café con croissants de chocolate, visitando la catedral. A las 5:30 volvimos a la estación y....oh....qué es esto....un mar de gente con mochilas, viejos, jóvenes, con perros, con bicicletas (bicigrinos). Se escuchaban todos los idiomas, mucho alemán, holandés, sueco, italiano, francés, inglés. La verdad es que nos asustamos: ¿todos estos van a entrar en el bus? ¿Todos estos van a salir caminando mañana por la mañana? Esto va a ser más una maratón que un peregrinaje. 

A las 6:00 llegó el bus y había ambiente de concierto de rock. Todo el mundo se agolpó a la puerta para subir, dejando antes las mochilas y bicicletas (no los perros, que subieron con la gente) en el compartimiento de equipaje. Era a ver quién subía antes. Muy cordial, pero casi a los empujones. Un montón de gente quedó afuera y no sé cómo se arregló ese asunto.

¡Qué emoción! Finalmente estábamos en camino a ese pueblito cuya foto yo había mirado día tras día en la pantalla de mi computadora durante los últimos 10 años; esa foto que me había dado ilusión, a la que yo cada tanto le hablaba y le decía "ya te voy a ir a ver algún día". Amigos, los sueños se hacen realidad a veces.
Ay, querida foto compañera:




El viaje a SJPP fue muy lindo, por paisajes de montaña con ovejas, caballos, casitas blancas de techos rojos en dos aguas y  ventanas del mismo color todo coqueto, y cada vez más alto. Finalmente llegamos a la mágica SJPP y caminamos por sus callecitas empinadas y de adoquines, primero pasando por debajo del arco de entrada por el fuerte de la ciudad. Tan, tan coqueto, limpio y cuidado. Lamentablemente se hizo la noche en seguida. Fuimos rápidamente al albergue, que quedaba sobre la calle principal del pueblo, la misma por la que empezaríamos el Camino a la otra mañana.

En la puerta del albergue, una mochila, un par de botas y un bordón nos avisaban que habíamos llegado. Ni bien entramos sentimos la calidez del lugar. Ambientes pequeños con largas mesas de madera. Nos recibió una de las voluntarias, una muchacha de California que hace de cocinera del albergue."Los estábamos esperando", dijo, y en eso vemos que por detrás de uno de los cuartos hay un patio pequeño, de paredes de piedra, donde alrededor de una gran mesa, un grupo de gente escucha atentamente a Josep, el hospitalero. Entramos, saludamos a todos, y nos sentamos.



Lo que pasó a continuación esa noche, creo que será imposible de describir, porque tiene mucho más que ver con las emociones que con la anécdota. La acogida que nos dieron, la calidez, las palabras de bienvenida, el clima que Josep creó con sus palabras, me desarmaron y me emocioné tanto que no podía para de lagrimear. Todos en su momento lo hicieron. Josep nos habló de cómo en los próximos días nosotros ya no tendremos que depender de la huelga de Francia, ni de ninguna otra influencia, que cómo en los próximos días  lo único que tendremos serán nuestros pies y nuestros pensamientos. Que tengamos la disposición abierta a compartir, a conocer gente nueva, y sobre todo, a conocernos más a nosotros  mismos. En ese momento, esas simples palabras eran lo que todos necesitábamos y se armó un lindísimo ambiente, en el que cada uno compartió el por qué de su Camino. Había amigos que lo querían hacer juntos para tener una experiencia común, pero la mayoría de la gente lo va a caminar sólo. Algunas de esas personas vienen con bagajes fuertes, como muertes en la familia, o hijos enfermos, etc.Éramos 18 personas y estaban representados países como Holanda, Alemania, Canadá, Australia, Francia y Dinamarca, además de nosotros. Al final fuimos agasajados con una cena fantástica.


Como es común en estos albergues, las reglas establecían que a las 10:00 de la noche se cerraba la puerta de calle y se apagaban las luces. Nadie podría usar celulares ni andar por la casa después de esa hora. A las 6:15  de la mañana nos despertamos todos con música medieval que se escuchaba desde el piso de abajo. Cuando bajamos, había dos magníficas mesas de desayuno puestas. Todos desayunamos juntos, nos preparamos, nos despedimos, y a eso de las 8:00 ya cada uno empezó su camino. Se había creado una familia por una noche, y es una experiencia que se las recomiendo. Si alguna vez hacen el Camino de Santiago, quédense la primera noche en este lugar.

martes, 17 de mayo de 2016

El día antes, del día antes del día 1

Fue un viaje largo y, como siempre, lleno de ansiedades: ...que nos cambiaron la hora de salida de este vuelo, que no vamos a poder conectarnos con el que sigue, que cuánto demora el ómnibus que nos lleva de un aeropuerto a otro... Los viajes no serían viajes sin estos famosos nervios. Momento #1 memorable: Enrique y yo corriendo (literalmente) por el aeropuerto de Atlanta, con las mochilas sobre nuestras espaldas, para que no se nos fuera el avión a París. Quien conozca este aeropuerto sabrá las distancias que se recorren entre puerta de salida y puerta de embarque. Yo me sentía como si estuviera participando en el programa "Amazing Race". Para no desanimarme ni dejar de correr, me iba haciendo la película de que estaba en un entrenamiento en el medio del campo y que si paraba, algo horrible iba a pasar. Valió la pena: el avión no se fue sin nosotros. Acalorada, transpirada y con un ataque de tos, encontré mi asiento.
Momento #2 para recordar: el instante en que me di cuenta de que dejé los lentes de sol en casa, esos que durante meses me preocupé diligentemente de no perder porque eran los que quería traer al Camino. Momento #3: el instante en que nos bajamos del ómnibus local que nos trajo de Biarritz a Bayonne, repleto de gurises volviendo del liceo, en el que el conductor se levantaba en cada parada y gritaba en francés "corriéndose para atrás, que hay lugar".....digo, momento en el que me di cuenta que mi abrigo de fleece (polar) se había quedado arriba del bus. Ese abrigo que me compré expresamente para traer, principalmente porque era perfecto, calentito y barato. Ahora, prontos para subir a la montaña, no tengo ningún tipo de abrigo ni lentes de sol. Ergo...mañana por la mañana, antes de tomar el tren, nos toca ir de compras.


Les cuento que estoy bastante orgullosa de nuestra "careta" para arreglárnoslas con el francés. Desde el momento en que llegamos a París hasta ahora en Bayonne, hemos podido preguntar y recibir toda la información que necesitamos usando nuestro francés y comprendiendo la respuesta. Pero todavía no me da como para darme cuenta si me están tomando el pelo. Cuando nos tomamos el bus que conecta los dos aeropuertos de París estábamos bastante nerviosos. La información en la página web dice que el recorrido lleva 90 minutos cuando se hace fuera de las horas pico. Nosotros estábamos con el tiempo contado y eran las 12:30. Así que decidí pararme de mi asiento e ir a hablar con el conductor para asegurarme 1) de que estábamos en el bus correcto, y 2) de que llegaríamos a tiempo. A pesar de que lo interrumpí en su actividad de  textear en su celular mientras conducía, fue muy simpático y me dijo que sí, efectivamente ese era el autobús, pero que no, de ningún modo llegaríamos a tiempo para tomar el avión. Creo que me vio ponerme pálida. Yo estaba intentando pensar intensamente a ver si lo había entendido bien y a ver si me tenía que preocupar, pero a paso seguido, él me dijo algo como "ne vous inquiétez pas, tout sera bien". Ok, me falta un poco de cintura con el francés. 


Pasamos una tarde lindísima en Bayonne. Nunca, hasta que empecé a leer sobre el Camino de Santiago, le había prestado atención a esta pequeña simpatiquísima y viejísima ciudad. Tiene el encanto de su río Nive y Adour, que se unen en el medio de la ciudad, sus callecitas medievales angostas, la catedral gótica, el claustro del siglo XIII, la Petite Bayonne...un placer. Hay mucha gente joven paseando por sus calles, y las dos márgenes del río Nive están tapadas de restaurantes y cafés con sus mesas en la vereda. En esta tarde soleada, a pesar del cansancio del viaje, son sentimos como en medio de una película.





Mañana por la mañana nos tomamos el tren a St. Jean Pied de Port. Se acerca el momentooooooo.

jueves, 5 de mayo de 2016

Combatiendo ansiedades

Miro la mochila en el piso, recostada contra la pared, llena de ropa y con la boca abierta, esperando más. La tengo ahí y me aguanto las ganas de sacar todo y ponerlo sobre la cama para hacer una evaluación de lo que ya tengo y lo que me falta. Me siento como culpable de tanta ansiedad, de querer tener todo prontito ya. Entonces canalizo esa sensación buscando en internet. Hace días encontré un foro en inglés sobre el Camino de Santiago (https://www.caminodesantiago.me/community/), y allí estoy metida. Hay mucha información que ya conozco, pero sobre todo me interesa leer lo que los que están caminando ahora escriben. Se comparten experiencias, dudas, problemas, fotos. Allí escriben también aquellos que, como nosotros, están por empezar a caminar, que hacen preguntas de último momento: que cómo llevo esto, que qué más llevo, que cómo está el tiempo. Y me he encontrado con tres personas más que empiezan a caminar desde SJPP el mismo día que nosotros. Ya entramos en contacto.  Ah, y varias personas que, con la misma ansiedad que yo,  ya han empacado y desempacado la mochila más de diez veces. Ja, no soy la única, entonces.

Me estoy preguntando si llevar, o no, el ipad. No me tengo mucha confianza con esto de escribir todo en mi teléfono celular. Estoy segura que después de un par de intentos me voy a desanimar y lo voy a dejar. Pero… ¿cargar con el ipad durante 33 días, valdrá la pena? Otra pregunta que me estoy haciendo es: ¿me van a dejar llevar la mochila arriba del avión? En la mochila llevo los trekking poles (cómo se dirá en español), ¿habrá problema con esto? Volamos desde Memphis a Paris, y al llegar allí tenemos que cambiar de aeropuerto, así que no queremos perder tiempo teniendo que esperar por nuestro equipaje. Sería importante poder llegar a Paris (aeropuerto CDG), bajar del avión e ir directo a tomarnos el bus/metro (todavía no lo hemos decidido) que nos llevará al aeropuerto de Orly.  De ahí nos tomamos un vuelo a Biarritz, en la puerta de cuyo aeropuerto para un ómnibus que en 20 minutos nos deja en Bayonne. El plan: pasar la noche en Bayonne y a la otra mañana hacer el viaje de 1:20 horas en el trencito que nos lleva a St Jean Pied de Port.